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Alexander Fleming

Lochfield, Escocia, 6 de agosto de 1881-Londres, Inglaterra, 11 de marzo de 1955.

Es imposible no relacionar al científico Alexander Fleming con la penicilina, su gran aportación a la ciencia. Gracias a este hecho, las infecciones bacterianas ya eran tratables y daban una posibilidad de salvar la vida. Millones de personas libraron la muerte por este descubrimiento.

Cursó estudios básicos en su natal Escocia pero en 1895 se trasladó a Londres junto con su hermano. Más tarde se preparó profesionalmente en la Escuela de Medicina del Hospital St. Mary de Londres (St. Mary’s Hospital Medical School) y posteriormente comenzó sus investigaciones en la misma institución como asistente del bacteriólogo Almroth Wright, quien había desarrollado una vacuna para el tratamiento de la fiebre tifoidea.

Colaboró en el Cuerpo Médico del Ejército Real (Royal Army Medical Corps) durante la Primera Guerra Mundial, principalmente hacia soldados con heridas graves. Al término de la guerra regresó al Hospital St. Mary y tomó un cargo en el Departamento de Bacteriología. Los siguientes años estuvieron marcados por el ferviente estudio y los variados descubrimientos que dieron a Fleming fama y relevancia científica.

Su descubrimiento.

Fleming siempre fue alguien muy interesado por los pequeños organismos. En 1921 descubrió que nuestra saliva, lágrimas y mocos nasales, tienen una enzima llamada lisozima que protege al cuerpo de las infecciones gracias a sus acciones antibacteriales. Claro que esto no era suficiente para detener enfermedades más fuertes, pero aportó con un dato interesante.

1928 fue el año clave del descubrimiento de la penicilina, un poderoso antibiótico que incluso es útil hoy en día. El hallazgo de Fleming no fue planeado, sino fue parte de algo que realizó sin intención: al querer desarrollar estafilococos, se dio cuenta de que un hongo más grande, ya denominado después como Penicillium notatum, había destruido a las bacterias. Es así como fue dado a conocer en la medicina para salvar millones de vidas humanas. También en 1928, Fleming fue nombrado profesor de Bacteriología de la Universidad de Londres.

No obstante, esto no fue tan rápido; pues al inicio no fue relevante para los médicos y científicos. Quizá si esto hubiese recibido una atención temprana, el desarrollo de la penicilina pudo haber sido noticia muchos años antes, pero no fue hasta inicios de la década de 1940 que gracias a los científicos Howard Florey, un farmacólogo australiano y Ernst Chain, un bioquímico alemán, se interesaron por el trabajo de Fleming y su descubrimiento. Aproximadamente para 1945, en tiempos de guerra, la penicilina ya podía usarse como medicamento.

La penicilina fue usada en el tratamiento de heridas infectadas y enfermedades bacterianas como la neumonía, la difteria y la meningitis. El éxito del antibiótico fue tal, que hasta en la actualidad se le suele incluir entre los más importantes descubrimientos que se han hecho a través de la historia. Alexander Fleming, Ernst Chain y Howard Florey compartieron el Premio Nobel de Medicina en 1945.

Los últimos años.

A lo largo de toda su vida, Alexander Fleming escribió muchos tratados focalizados en los temas de Bacteriología, Inmunología y Quimioterapia. Se casó dos veces. Primero con Sarah Mario McElroy, que era una enfermera irlandesa de Killala, Irlanda, que laboraba en un hogar de ancianos en Londres. Tuvieron un hijo, Robert, en 1924 quien más tarde se convirtió en médico.

Se casó nuevamente en 1953 con la Dra. Amalia Koutsouri-Vourekas, microbióloga de origen griego.

Alexander Fleming murió en 1955 al sufrir un ataque al corazón (infarto agudo al miocardio). Los restos mortales del ilustre hombre de ciencia reposan en la Catedral de San Pablo de Londres.