“Y dígame, señora Lechuga, ¿qué sintió cuando fue ferozmente arrancada de su hogar?”

“Oh, terrible…” murmura, y se limpia una lágrima que luchaba por contener. “Me quitaron todo, y mis heridas aún no han sanado, ¡me han mutilado e impedido físicamente para toda la vida! ¿Creen que no sufro?”

Quizá esta escena es exagerada, pero los opositores de las dietas vegetarianas suelen mencionar sarcásticamente que las plantas y los vegetales que sirven de alimento también sufren como los animales y los seres humanos y que por tanto, quienes se abstienen de la carne también cometen actos deleznables contra seres sintientes.

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Vegetarianos y no vegetarianos mantienen desde hace mucho tiempo una especie de batalla por demostrar que los otros están equivocados, y que el hecho de comer un delicioso bistec de res no es igual a cometer un acto reprobable. Si tienen curiosidad, revisen en la web y encontrarán varias entradas sobre el abandono del veganismo por parte de una científica noruega, quien descubrió que las plantas sí sufren y por esa razón prefería alimentarse de los frutos y de la materia vegetal caída al suelo. De acuerdo con su descubrimiento, esta decisión era la más ética. No iba a infligir dolor a seres que, como nosotros y los animales, no tienen la culpa de nuestro apetito sin importar el dolor ajeno.

Bueno, es claro que la científica tendría (o tiene) severos problemas para buscar su alimento, y no nos olvidemos de los problemas de salud consecuentes. La realidad es que las plantas no sufren. ¿Por qué decimos esto? Aclaremos primero un punto: en el reino vegetal sí se experimentan reacciones parecidas superficialmente a las sensaciones, pero poco tienen que ver con el sufrimiento que en el reino animal se puede padecer.

Las plantas no poseen un sistema nervioso central que les permita reaccionar moviéndose ante los estímulos exteriores. No sienten un dolor punzante, ni ardor, ni placer. Están vivas, pero digamos que también están “no muertas” porque su vida carece de conciencia y de inteligencia. No podemos decir que las plantas sean “alguien”, como en el caso de los animales.

Por otra parte, una gran cantidad de plantas poseen sistemas de defensa o de alimentación complejos, pero las “sensaciones” que parecen experimentar algunas, como cerrar sus hojas ante el toque o capturar insectos en su interior para alimentarse de ellos, son reacciones mecánicas necesarias para su supervivencia. Pero si alguien le arranca una hoja a un árbol, a éste no le duele porque carece del sistema que a los humanos y a los animales les es útil para huir ante la percepción del peligro. Podemos asegurar entonces que las reacciones no son sensaciones, porque éstas no sobrevienen de una orden cerebral, son ajenas a la conciencia.

Aclaración: lo anterior no significa que la vida vegetal sea inferior y de ningún modo es argumento para justificar el daño a las plantas. Ante todo, es importante mantener el equilibrio ecológico y todas las plantas son parte vital de la naturaleza. Sin embargo, decir que “sufren” es una aseveración quizá exagerada, porque científicamente hasta hoy no existe prueba contundente.

Además, si todos los organismos vivos tienen defensas, ¿de qué podremos alimentarnos? El hombre es un ser heterótrofo, por lo que le es imposible fabricar su propio alimento. A menos que en el futuro se invente o descubra alguna manera de lograr nuestra alimentación sin sacrificar a ningún ser vivo, tenemos que escoger la opción menos dañina, que apunta hacia las plantas.

Así que tranquilos, vegetarianos. No están cometiendo ningún acto no ético al comerse la ensalada, no están asesinando a nadie y la próxima vez que alguien les pregunte si no sienten compasión por el dolor de las plantas, pregúntense si es pertinente que recuerden sus clases de Biología.