Características

El Síndrome de Asperger es uno de los Trastornos del Espectro Autista (TEA), que son trastornos del desarrollo neurológico. Este padecimiento afecta la forma en que el cerebro procesa la información y ocasiona rasgos del comportamiento singulares, además de afectar las habilidades sociales, emocionales y comunicativas. Las personas con Asperger se diferencian de otras personas con otros Trastornos del Espectro Autista por no experimentar retrasos del lenguaje y por tener un coeficiente intelectual promedio o más alto que el de la mayoría de los individuos. De hecho, pueden sobresalir en ciertos campos del conocimiento.

Fue descrito por primera vez en 1944 por un pediatra y psiquiatra austríaco llamado Hans Asperger, quien había observado que 4 niños, si bien parecían tener una inteligencia normal, mostraban dificultad para integrarse con otros niños y adultos, no parecían sentir empatía y no lograban comunicarse, además de enfocar sus escasas conversaciones en un solo tema. Asperger llamó a la condición “psicopatía autista”, pero fue años después cuando se le nombró Síndrome de Asperger. Antes de que se realizaran mayores investigaciones, se pensaba que las personas con este trastorno eran simplemente poco sociables, torpes o extrañas.

Sus síntomas se desarrollan desde temprano y se hace evidente durante la infancia. Debido a sus características, a menudo las personas con Asperger se aíslan de las demás personas o son excluidas de grupos sociales.

Antes de que se realizaran mayores investigaciones, se pensaba que las personas con este trastorno eran torpes o extrañas.

Síntomas

Los 3 síntomas principales del Síndrome de Asperger son:

  • Pobre habilidad de comunicación. Es importante saber que quienes tienen el trastorno pueden tener habilidades lingüísticas destacadas, con un amplio vocabulario y construcciones gramaticales complejas o correctas al hablar de forma coloquial. Sin embargo, existen ciertas barreras entre ellos y las demás personas que impiden una conversación considerada socialmente normal:

– Suelen hablar acerca de ellos mismos o de temas que son solo de su particular interés y que para otros pueden resultar banales, como su colección de estampillas o modelos de aviones, por ejemplo.

– Evitan el contacto visual.

– Su voz suele sonar monótona, con falta de ritmo o con un tono que parece extraño. Carecen de la habilidad para reconocer la necesidad de modularla; por ejemplo, pueden hablar a un volumen alto en un hospital o una biblioteca.

– Tienen dificultad para comprender el lenguaje corporal o el lenguaje no verbal. No se dan cuenta de cuando la otra persona a la que hablan pierde o no tiene interés en su conversación o le insinúa su deseo de terminar la plática.

– Entienden las palabras de forma literal. Se les dificulta reconocer que alguien está usando el sarcasmo, la ironía, el humor e incluso el lenguaje figurado o las frases construidas.

  • Rutinas obsesivas o repetitivas al realizar actividades, que generalmente son muy rígidas. Por ejemplo, se preocupan por hacer lo mismo, a la misma hora y en el mismo orden todos los días antes de dormir.
  • Torpeza física. Pueden caminar de forma extraña, con los hombros caídos, o mantienen una postura rígida y tropezarse con frecuencia. Aunque sus músculos no son afectados, algunos tardan en adquirir algunas habilidades motoras, como manejar una bicicleta.

Otros síntomas son:

  • Ausencia de empatía con las demás personas. Esto no es simplemente “insensibilidad”, sino solo un rasgo del trastorno.
  • Obsesión por un tema particular. Reúnen gran cantidad de información sobre un mismo tema, tanto, que pueden ser expertos a un nivel universitario y llevarlo a la práctica.
  • Dificultad para entender las reglas sociales.

Factores de riesgo

-Herencia genética. Hasta el momento no está comprobado, pero se piensa que puede influir, ya que existe tendencia a presentarse dentro de ciertas familias. De hecho, las familias con un hijo que tiene un TEA tienen mayor posibilidad de concebir otro hijo con el trastorno.

-Ser del sexo masculino. El Asperger parece ser más común en niños que en niñas.

Causas

No se sabe la causa del Síndrome de Asperger. Se está investigando el papel de la herencia genética en su aparición, pero hasta el momento no se ha identificado un gen que esté implicado. Lo más probable es que sus causas sean neurológicas y genéticas.

Se sabe que el cerebro de una persona con este trastorno funciona de manera diferente al de las demás personas. Su cerebro muestra diferencias de estructura y funcionamiento, quizá debido a la migración anormal de las células embrionarias durante el desarrollo del feto, lo que afecta la estructura cerebral y después los circuitos de neuronas que controlan la conducta y el pensamiento.

Complicaciones

Las complicaciones más usuales que provoca el trastorno tienden a ser emocionales. Debido a su comportamiento y actitudes, los niños y adultos con Síndrome de Asperger suelen ser señalados como raros o “anormales” y ser excluidos, por lo que se aíslan de las demás personas. A menudo no tienen amigos, o sus relaciones personales y familiares son muy difíciles. Esto puede producirles ansiedad e incluso depresión.

El Síndrome de Asperger no es mortal en sí, pero no tiene cura.

Diagnóstico

Diagnosticar a una persona con Síndrome de Asperger es un poco complejo, ya que no es tan “fácil” como obtener una muestra de sangre y buscar en ella un microorganismo extraño. En este caso, normalmente el diagnóstico se realiza en dos etapas. En la primera, el individuo es revisado por un médico familiar o pediatra, y en la segunda, la revisión incluye especialistas como psiquiatras, terapeutas del habla, psicólogos, etcétera.

Lo mejor es contar con un profesional experto en autismo o Asperger, que busca en niños comportamientos típicos del padecimiento como falta de contacto visual (o contacto visual anormal), distanciamiento o falta de juego interactivo. El diagnóstico se basa en criterios muy específicos, así que puede tardar.

Tratamiento

El Síndrome de Asperger no es mortal en sí, pero no tiene cura y requiere un tratamiento que consiste en terapias que se enfocan en los tres principales síntomas mencionados, además de intervenciones determinadas para los intereses de cada caso. Puede incluir una terapia ocupacional o física para mejorar los movimientos, terapia de lenguaje, charlas y entrenamiento para mejorar las habilidades sociales.

A menudo, el individuo requiere mucho apoyo moral y psicológico, a fin de evitar que la ansiedad y la depresión lo tornen más retraído.