Cuando se habla de evolución, es frecuente asociarla con la selección natural, y es porque se trata de uno de los mecanismos básicos de dicho proceso.

La selección natural fue abordada en el libro El origen de las especies (1859) de Charles Darwin, donde él explicó cómo funciona la evolución en los seres vivos, de acuerdo con sus estudios sobre el tema. Aunque su propuesta fue muy controvertida en un principio, actualmente es aceptada de forma general.

¿Qué es la selección natural?

Es un proceso paulatino por el que los organismos mejor adaptados a un entorno particular tienen mayor probabilidad de transmitir su información genética a su descendencia. Esta reproducción selectiva genera cambios en las generaciones posteriores, lo que da pie a la gradual evolución de una población.

Es un proceso paulatino por el que los organismos mejor adaptados a un entorno particular tienen mayor probabilidad de transmitir su información genética a su descendencia.

Es más fácil comprender esto si imaginas una población, o grupo de individuos, de un animal. En este caso hipotético, un grupo de hormigas habita un terreno de la selva sudamericana. Un día una empresa agrícola coloniza un terreno cercano de donde las hormigas se encuentran, con el propósito de talar los árboles y obtener tierras cultivables. Esta acción expone a las hormigas a una cantidad considerable de fertilizantes, pesticidas y otros químicos, lo que ocasiona que los individuos comiencen a morir. No obstante, algunas hormigas fuertes comienzan a adaptarse a las condiciones de su hábitat degradado y sobreviven. Estas hormigas supervivientes tendrán descendencia, a la cual transmitirán sus genes heredables. Con el tiempo, puede originarse un grupo de hormigas especializadas en dicho terreno y quizá aparezca una nueva especie.

Es necesario saber que para que la selección natural sea efectiva, se necesitan las siguientes condiciones:

a) los individuos de una especie deben mostrar variabilidad en sus rasgos, por ejemplo, en la coloración o la forma de sus extremidades.

b) la variabilidad se debe a diferencias en los genes.

c) los individuos que poseen características más adecuadas para el medio ambiente en el que viven son más proclives a sobrevivir y reproducirse exitosamente.

d) los genes que permitieron a los individuos a sobrevivir se transmiten a los descendientes. Esto significa que los rasgos deben ser heredables, es decir, ser parte de la información genética de un individuo y no una simple adaptación específica.

Por ejemplo, Jean-Baptiste Lamarck pensaba que si, por ejemplo, un individuo de una especie de cuello corto tenía que alimentarse de las hojas de árboles altos, se crearía un hábito de alargar el cuello para alcanzar su alimento. Con el tiempo el cuello de los individuos de estos animales de cuello corto se alargaría para adaptarse al hábito. Según Lamarck, este proceso pudo haber originado a las jirafas. Sin embargo, y aunque se trata de una adaptación, el alargamiento del cuello de muchos individuos no significa selección natural debido a que el rasgo no es heredable al no encontrarse en los genes.

En contraste, de acuerdo con la selección natural las jirafas con el cuello más largo pueden alcanzar el alimento que se encuentra a mayor altura que las jirafas de cuello menos largo. Entonces, las jirafas de cuello más largo pueden alimentarse con más facilidad y en mayor o mejor calidad, por lo que tienen más probabilidades de reproducirse con éxito. Las jirafas descendientes de padres de cuello largo heredan sus genes y nacen con cuellos largos.

En relación con el ejemplo de las hormigas, se sabe que cuanto más se usa un químico, existen más posibilidades de que los insectos desarrollen inmunidad ante ello, volviéndose más resistentes y heredando los rasgos de resistencia. El resultado son nuevas generaciones de insectos resistentes a ciertas sustancias químicas. La repetición de este proceso a lo largo del tiempo tiende a devenir en evolución.

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Pinzones de las Galápagos / Autor de la imagen: John Gould

Existen muchos otros ejemplos de selección natural en poblaciones de insectos, bacterias y aves, como el observado por Darwin en los pinzones de las islas Galápagos. Incluso los seres humanos están evolucionando, aunque claro, no a un nivel aún evidente en el aspecto físico. De acuerdo con científicos del Instituto Broad (Broad Institute of MIT and Harvard) la tolerancia a la lactosa es una característica que pudo haber surgido hace unos 10,000 años con la domesticación del ganado y otras adaptaciones que hicieron cambiar al ser humano de nómada a sedentario. Por supuesto, algunas personas en su adultez pueden padecer incapacidad de digerir la leche.

Las evidencias indican que la selección natural es un hecho y sigue produciéndose.