Quercus robur

El roble común, también conocido como roble carballo (con variaciones en su ortografía: carbayo, carvallo) y roble fresnal, es uno de los árboles más apreciados de Europa y uno de sus iconos culturales más antiguos. En general, los robles, por su belleza y el alimento que producen, eran reverenciados ya en la Prehistoria, y las figuras de ídolos religiosos se plasmaban en su madera.

En muchas partes de Europa aún se le tiene alta estima, y suele representar longevidad, fuerza y tamaño. Se le ha llamado el “rey de los árboles”.

Orden: Fagales
Familia: Fagaceae
Género: Quercus

Descripción

El roble común tiene un porte majestuoso. Con sus 4-12 metros de altura, es uno de los más altos de su rango de distribución, y destaca por su copa ancha, sus ramas fuertes y la corteza partida de su tronco. Su anchura también es amplia; algunos individuos registran entre 10 y 12.2 metros de circunferencia. Su corteza es color marrón grisáceo y muestra fisuras moderadamente profundas.

Como árbol de hoja caduca, en otoño las hojas caen y se descomponen en el suelo. Son hojas de 4-5 lóbulos irregulares en cada lado y 7-14 centímetros de longitud, soportadas por un tallo muy corto. Su color es verde, pero el envés es un poco más pálido que el haz. Las flores masculinas crecen en grupos pequeños o en amentos colgantes solitarios, mientras que las femeninas aparecen solas o en grupos en los extremos de las ramas. El color de las flores es verde a levemente marrón.

Información sobre el árbol de roble.

Hojas y bellotas de Quercus robur.

El fruto del roble común, así como el de otros tipos de roble, es la bellota, de unos 2-2.5 centímetros de largo. Consiste en una sola semilla ovalada de color marrón rodeada por una cáscara dura, y un hoyuelo en el ápice. Su cúpula es leñosa, de un tono verde grisáceo, y aparece antes de su formación debido a que es la base de las flores femeninas. Las bellotas crecen en grupos de 1 a 4 en tallos largos de 3-7 centímetros de longitud.

Es un árbol común en parques, jardines y otras áreas rurales y urbanas de Europa.

Distribución

Los robles son originarios del hemisferio norte, y Quercus robur es nativo de una región que abarca la mayor parte de Europa hasta el Cáucaso y la Anatolia, incluyendo Rusia y partes de Asia Central. La especie aparece naturalmente en el norte de África, y se ha extendido hasta vivir de forma silvestre en China y Norteamérica. Es una especie muy común en todo el Reino Unido y los países del oeste de Europa, en tanto que es más raro en algunas zonas de la región mediterránea y en el extremo norte.

En su estado silvestre habita primordialmente bosques de hoja caduca, y se cultiva en regiones templadas. Crece bien a pleno sol en temperaturas no muy frías, pero tampoco muy cálidas. Puede resistir bajas temperaturas, si bien en invierno entra en letargo. Por su belleza y otros atributos, es un árbol común en parques, jardines y otras áreas rurales y urbanas de Europa.

Reproducción y variedades

El árbol comienza a florecer a mediados de primavera, más o menos de abril a mayo, antes o al mismo tiempo que las hojas (hay que recordar que es una especie caducifolia). Las flores son monoicas: son solo masculinas o solo femeninas, pero ambos géneros están en el mismo árbol. Estas últimas son polinizadas por el viento, y tras la fecundación, el fruto comienza a desarrollarse. Las semillas maduran de septiembre a octubre.

En muchos cultivares el roble común se propaga a partir de semillas que pueden sembrarse directamente en el suelo. Es capaz de crecer en varios tipos de suelos, incluidos los arcillosos, pero con buen nivel de humedad. Los árboles jóvenes necesitan humedad constante. Quercus ruber tiene algunas variedades aprovechadas por la silvicultura: “Concordia”, de lento crecimiento y poca altura; “Fastigiata”, la variedad más común; “Pendula”, de ramas colgantes, y “Purpurea”, de hojas de un inusual tono púrpura, entre otras.

Características del roble común.

Corteza de roble común.

Usos

Quercus ruber tiene una elevada importancia en la industria maderera desde hace mucho tiempo. Pero antes de describir sus usos dentro de la silvicultura, es bueno recalcar su importancia en el folclore y la cultura de Europa, desde antes de la época de los druidas. Leyendas muy antiguas decían que quien tenía consigo un trozo de madera de roble estaba protegido del mal y el daño, que portar una bellota encima aumentaba la potencia sexual y la fertilidad, y que quien plantaba una bellota a la luz de la luna tendría pronto dinero. En siglos anteriores muchas parejas se casaban bajo un roble común.

 

Algunas personas usan una decocción de su corteza para tratar la diarrea crónica, la disentería, las hemorragias y las fiebres intermitentes.

En la actualidad, la especie se cultiva principalmente por su madera, que es muy resistente y duradera. Es material con el que se han construido desde barriles y artefactos para barcos hasta piezas de mobiliario; de hecho, la madera del roble se utilizó mucho, antes de que el hierro se popularizara como un material para hacer herramientas. Su corteza es útil en el encurtido del cuero, y de ella y las agallas se produce un tinte.

Las bellotas son comestibles, aunque los que mejor las aprovechan son aves y mamíferos como las ardillas. Pueden usarse como alimento para ganado. Para su consumo humano, se les retira la piel marrón y la cáscara externa, altas en taninos, y se les hierve y deja en remojo. Posteriormente, pueden ser molidas para agregar a harinas, o troceadas para añadir a sopas. El aceite es usado para cocinar en algunas partes del norte de África. Algunas personas usan una decocción de la corteza para tratar la diarrea crónica, la disentería, las hemorragias y las fiebres intermitentes.

Amenazas y conservación

La Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) cataloga a Quercus robur como una especie de “Preocupación Menor”, es decir, no amenazada a nivel global. Está muy extendida, aunque en el Reino Unido se ha reducido durante los últimos siglos como consecuencia de la tala para convertir los bosques en tierras de pastoreo o zonas verdes de coníferas, y la mala gestión de las áreas de bosque. También en el Reino Unido se presenta una enfermedad que ataca muchos robles, conocida como “muerte repentina del roble”, por el microorganismo Phytophthora ramorum.