Características de la respiración humana

La respiración es un proceso tan necesario como involuntario. Las personas, a menos que se lo propongan, son regularmente inconscientes de que todo el tiempo están respirando y de que este proceso consiste más que en la introducción y expulsión de aire.

La respiración humana es posible gracias a los pulmones, órganos que contienen unas estructuras llamadas bronquios y alvéolos; en estos últimos se produce el intercambio gaseoso, que consiste en el intercambio de oxígeno por dióxido de carbono.

La respiración humana es posible gracias a los pulmones, órganos que contienen unas estructuras llamadas bronquios y alvéolos.

La respiración no es lo mismo que el intercambio gaseoso. La primera es, básicamente, un proceso mediante el cual el aire pleno de oxígeno del exterior entra por la nariz y es conducido hacia los pulmones. Posteriormente, el residuo del proceso, el dióxido de carbono, sale hacia la atmósfera. Las dos etapas elementales de la respiración son la inhalación o inspiración y la exhalación o espiración:

Intercambio de gases

 

Inhalación

La persona introduce el aire que contiene el oxígeno, un gas vital para la supervivencia de los seres vivos. Cada vez que inhala, el aire entra por la nariz (o por la boca, aunque esta cavidad no posee las características que impiden que los agentes nocivos del aire se alojen en las vías respiratorias, por lo que no es recomendable respirar por la nariz), pasa por la laringe, la faringe y la tráquea, llega a los bronquios, después a los bronquiolos y posteriormente a los alvéolos.

Todos los días, los humanos respiran unos 8,000-9,000 litros de aire.

El aire del exterior es frío y contiene numerosas partículas como polvo, microbios, polen y muchas más sustancias innecesarias para el humano y peor aún, sumamente peligrosas para la salud. Sin embargo, las vías respiratorias están “equipadas” con unos pelos o cilios que segregan una sustancia que atrapa las partículas. En adición, los cornetes nasales, localizados en la cavidad nasal, ayudan a calentar el aire gracias a sus vasos sanguíneos y de esta manera el aire llega a los pulmones con una temperatura adecuada.

Exhalación

Es la expulsión del aire a través de las vías respiratorias. Para tal efecto, el diafragma se expande para que el aire salga.

Cuando una persona respira, las costillas y el diafragma se expanden para permitir que el aire entrante llene los pulmones, y después vuelven a su posición normal tras haber expulsado el aire.

Proceso de intercambio de gases

Los alvéolos son minúsculos sacos de aire conectados a los bronquios, en donde se lleva a cabo el intercambio de gases o hematosis. La respiración genera dióxido de carbono, un desecho que es intercambiado por oxígeno en los pulmones. Este proceso es fundamental para suministrar oxígeno a las células y para que a su vez, estas obtengan energía.

Los alvéolos son minúsculos sacos de aire conectados a los bronquios, en donde se lleva a cabo el intercambio de gases o hematosis.

Los alvéolos están rodeados por una red de capilares, pequeños vasos sanguíneos. Una vez que el aire rico en oxígeno se encuentra en los alvéolos, las moléculas de oxígeno traspasan la membrana que separa el alvéolo de los capilares en un proceso llamado difusión y pasa al torrente sanguíneo. Ahí, la hemoglobina recoge el oxígeno y la sangre oxigenada es conducida hacia el corazón, desde donde es bombeada por las arterias a las células y tejidos para ser nutridos. En sentido inverso, el dióxido de carbono, residuo del proceso de metabolismo celular, traspasa la membrana de los capilares y pasa a la sangre venosa, que lo transporta hacia el corazón y este bombea dicha sangre desoxigenada hacia los pulmones. El dióxido de carbono pasa de los capilares a los alvéolos, que llevan el residuo hasta el exterior del cuerpo por medio de la exhalación.