Características

La poliomielitis, o simplemente polio, es una enfermedad infecciosa y potencialmente mortal producida por un virus que invade el sistema nervioso. Se contagia de persona a persona y puede tener complicaciones muy graves. La polio ya es una enfermedad poco común en el mundo y, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), solo en 2 países se considera que es endémica: Pakistán y Afganistán.

El virus se contrae por vía fecal-oral o por consumir alimentos o bebidas contaminados, y al llegar a los intestinos comienza a multiplicarse. Esta enfermedad ataca el sistema nervioso de forma veloz. Un 5-10 por ciento de las personas que padecen parálisis pierden la vida si sus músculos respiratorios dejan de funcionar.

La palabra poliomielitis tiene raíces griegas: polio significa gris, y myelós hace referencia a la médula espinal. La enfermedad fue descrita por primera vez por Michael Underwood en 1789 al observar la debilidad en las piernas de niños de Inglaterra.

Síntomas

El virus se contrae por vía fecal-oral o por consumir alimentos o bebidas contaminados.

La mayoría de las personas infectadas no presentan síntomas y no son conscientes de que han contraído la enfermedad. Existen 3 tipos de infección: subclínica, no paralítica y paralítica. Gran parte de los infectados tienen el primer tipo y pueden no presentar síntomas o manifestarlos de forma muy leve con una duración de aproximadamente 72 horas. En estos casos, los afectados experimentan:

  • Dolor de cabeza.
  • Dolor de garganta.
  • Vómitos.
  • Enrojecimiento de garganta.
  • Fiebre ligera.

La poliomielitis no paralítica no conduce a parálisis y genera síntomas similares a los de la gripe, como:

  • Fiebre.
  • Dolor de garganta.
  • Fatiga.
  • Dolor de cabeza.
  • Vómitos.
  • Rigidez en el cuello.
  • Debilidad muscular.
  • Dolor o rigidez en brazos y piernas.

Por su parte, la poliomielitis paralítica es la forma más grave pues afecta la médula espinal, el tronco cerebral o los dos. Durante la primera semana los síntomas no son muy diferentes de los de la polio no paralítica, pero poco después los afectados experimentan:

  • Debilidad.
  • Sensación de hormigueo en las piernas.
  • Dolor muscular severo.
  • Pérdida de reflejos.
  • Extremidades sueltas, flojas o sin fuerza. A menudo, en una parte del cuerpo es peor que en la otra.

Causas

La causa directa de la enfermedad es un poliovirus simple pero de complejos efectos en el ser humano, el cual es su único reservorio, es decir, solo reside en él. El virus se encuentra en las heces de personas infectadas y en vehículos contaminados como agua y alimentos. Cuando una persona ingiere el alimento que alberga el virus, este comienza a multiplicarse una vez que llega a la faringe y al tracto gastrointestinal. Incluso antes de que la enfermedad aparezca, ya los virus se hallan en la garganta y en las heces. A veces, el contagio se produce por contacto directo con la persona infectada.

El virus invade el tejido linfoide, pasa a la linfa y al torrente sanguíneo y, como este “visita” otras partes del cuerpo, también llega a otros órganos y a la médula espinal. Eventualmente, las células del sistema nervioso central se infectan y se replican en las neuronas motoras del tronco encefálico, lo que provoca la destrucción de las células. El tiempo que transcurre entre la exposición al virus y el desarrollo de los síntomas es de aproximadamente 3-35 días.

Factores de riesgo

-No estar vacunado contra la enfermedad.

-Tener menos de 5 años. Los niños son más susceptibles debido a su sistema inmunitario inmaduro.

-Haber viajado o viajar a una región que ha pasado por un brote reciente de poliomielitis.

-Tener un sistema inmunitario débil. Personas con enfermedades con el virus del VIH o con SIDA entran en esta categoría.

-Haber experimentado una extracción de amígdalas.

-Trabajar en un laboratorio donde se manejan poliovirus.

-Ser un trabajador de la salud. Los médicos y enfermeros suelen estar continuamente expuestos a los virus, entre los que se incluye el de la polio.

-Sentir estrés o realizar actividad física agotadora después de exponerse al virus puede hacer que el sistema inmunitario se debilite y no pueda luchar correctamente contra el microorganismo.

Cuando una persona ingiere el alimento que alberga el virus, este comienza a multiplicarse una vez que llega a la faringe y al tracto gastrointestinal.

Complicaciones

La poliomielitis es una enfermedad muy peligrosa. Una de cada 200 infecciones produce parálisis muscular irreversible por la invasión del cerebro y la médula espinal, y otra cantidad experimenta parálisis temporal. La parálisis llega a producir la muerte cuando el sistema nervioso no reacciona correctamente y se sufre dificultad para respirar. 2-10 de cada 100 personas con la enfermedad mueren por la parálisis de los músculos respiratorios.

Algunas personas que sobreviven a la polio quedan con deformidades en caderas, tobillos y pies para toda su vida. Asimismo, si la infección alcanza la parte alta de la médula espinal o el cerebro, aumenta el riesgo de padecer problemas respiratorios. La neumonía por aspiración, el edema pulmonar, la insuficiencia cardíaca, las infecciones urinarias y la miocarditis son otras posibles complicaciones. Una más: en algunas personas se produce el Síndrome Postpolio unos 15-40 años después de superar la enfermedad, caracterizado por debilidad, dolor y hasta parálisis en los músculos.

Algunas personas que sobreviven a la polio quedan con deformidades en caderas, tobillos y pies para toda su vida.

Diagnóstico

La poliomielitis se diagnostica mediante un examen físico y una o más pruebas de laboratorio. En general, si los médicos observan que el paciente muestra reflejos anormales, rigidez en el cuello y la espalda y dificultad para levantar la cabeza o las piernas mientras está acostado boca arriba, presumen la infección. Posteriormente pueden ordenar la realización de cultivos y análisis de heces o líquido cefalorraquídeo y de las secreciones de la garganta, con tal de descubrir el virus en el cuerpo.

Tratamiento

La poliomielitis no tiene cura, solo se cuenta con tratamiento médico para controlar los síntomas, que consiste en la ingesta de algunos analgésicos para el dolor y antibióticos para las posibles infecciones urinarias, terapia física para prevenir la pérdida de la función muscular, reposo, dieta nutritiva y aplicación de calor húmedo en las zonas con dolor y espasmos musculares. Si la infección no alcanza el cerebro o la médula espinal, la persona tiene posibilidades de recuperarse por completo.

La enfermedad puede prevenirse con inmunización, es decir, con vacunas que suelen aplicarse a los niños. En este sentido, la batalla contra la polio se centra en la prevención.