Características

También conocida como paludismo, la malaria es una enfermedad infecciosa que constituye la infección por protozoos más conocida. Cerca de 3,2 millones de personas están en riesgo de adquirirla, aunque entre los años 2000 y 2015 su incidencia a nivel mundial disminuyó en un 37 por ciento.

La malaria es producida por parásitos que se encuentran en los mosquitos del género Anopheles y produce síntomas similares a los de la gripe que pueden complicarse. Es una enfermedad común en las regiones tropicales del mundo, especialmente en aquellas áreas húmedas y con poca higiene.

Los síntomas aparecen al cabo de unos 10-15 días, aunque pueden aparecer hasta en 7 días posteriores a la picadura del mosquito infectado. No obstante, ciertos parásitos que causan malaria son capaces de permanecer latentes en el cuerpo humano durante meses o años.

La malaria es producida por parásitos que se encuentran en los mosquitos del género Anopheles.

Síntomas

  • Fiebre alta.
  • Escalofríos.
  • Dolor de cabeza.
  • Dolor muscular.
  • Sudoración.
  • Confusión.
  • Heces con sangre.
  • Ictericia (coloración amarillenta en la piel, la esclerótica de los ojos y las membranas mucosas).
  • Vómitos.
  • Diarrea.
  • Anemia.
  • En algunos casos se produce disminución de la lucidez mental.

Factores de riesgo

-Vivir o viajar a regiones de clima cálido. La variedad que causa complicaciones más graves se encuentra en el subcontinente indio, las islas Salomón, Haití, Papúa Nueva Guinea y los países africanos al sur del Sahara.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que la mayoría de los casos de malaria ocurren en el África subsahariana; sin embargo, los países de América Latina, Asia, Medio Oriente y algunas partes de Europa también están en riesgo.

-Pertenecer a alguno de estos grupos: lactantes, bebés, niños pequeños, mujeres embarazadas (y sus hijos no nacidos) y personas con sistemas inmunitarios débiles como los pacientes con VIH/SIDA.

Malaria

Glóbulo rojo infectado con Plasmodium vivax / Fotografía cortesía de United States Government.

Causas

La malaria es causada por los parásitos microscópicos del género Plasmodium. 5 especies son las que pueden enfermar a los seres humanos, pero las más peligrosas son Plasmodium falciparum, que causa la mayor parte de las muertes por malaria, y Plasmodium vivax. Varias fases del ciclo vital de estos organismos transcurren en las hembras de los mosquitos Anopheles, que se infectan al alimentarse de la sangre de una persona con malaria, y que transmiten la infección a los seres humanos.

Cuando una persona es picada por un mosquito infectado, los protozoos entran en el torrente sanguíneo hasta el hígado, en donde pueden permanecer en estado latente; si maduran, se liberan en el torrente sanguíneo en forma de merozoitos e infectan y destruyen a los glóbulos rojos. También liberan nuevos parásitos que invaden nuevos glóbulos rojos. En este punto, ya la persona tiene síntomas pues su sistema inmunitario está intentando hacer frente al ataque de los microorganismos. Además, si otro mosquito pica a la persona, el insecto se infecta y puede infectar a otras personas. Debido a la destrucción de los glóbulos rojos, el afectado puede sufrir anemia.

Cuando una persona es picada por un mosquito infectado, los protozoos entran en el torrente sanguíneo hasta el hígado.

La malaria también puede transmitirse de madre a hijo durante el nacimiento, por lo cual se llama malaria congénita, por transfusiones de sangre y por compartir agujas infectadas.

Complicaciones

Una malaria sin atención o tratamiento adecuado puede provocar la muerte. En otras ocasiones se complica con una anemia hemolítica severa o un bajísimo nivel de azúcar en la sangre, que puede producir coma o muerte. Si el hígado o los riñones comienzan a fallar, se origina una insuficiencia hepática y renal. Si se acumula líquido en los pulmones, la persona posiblemente sufre problemas respiratorios y hasta edema pulmonar.

Otras complicaciones son:

-Malaria cerebral. Se desarrolla cuando las células sanguíneas, saturadas de parásitos, obstruyen los diminutos vasos sanguíneos del cerebro y lo inflaman, lo que es causa de daño cerebral.

En algunos niños han quedado secuelas por malaria cerebral; por ejemplo, sordera, ceguera, dificultades en el habla y problemas de movimiento.

-Encefalitis. Inflamación del encéfalo.

-Meningitis. Inflamación de las meninges, membranas que rodean el cerebro.

-Ruptura del bazo. En este caso se produce una hemorragia masiva dentro del cuerpo.

-Interrupción de sangre a los órganos vitales.

-Recaídas. En las infecciones por Plasmodium vivax y Plasmodium ovale, a veces se sufren recaídas de la malaria meses o años después debido a que el parásito permanece latente.

Diagnóstico

La malaria se diagnostica mediante exámenes físicos y algunas pruebas de laboratorio. Si el médico encuentra los típicos síntomas, además de un bazo o hígado agrandado, puede indicar que se trata de una infección por los parásitos, pero también puede solicitar un análisis de sangre del paciente. Este análisis muestra la existencia del parásito, su tipo (de qué especie se trata) y si es resistente a medicamentos. A veces se requiere un Conteo Sanguíneo Completo (CSC) para saber si el paciente presenta anemia.

La OMS recomienda que los casos sospechosos deben confirmarse con métodos de diagnóstico rápido, porque la enfermedad puede avanzar rápidamente.

Tratamiento

No existe una vacuna para la malaria, pero puede prevenirse con medidas de control de mosquitos como:

-Usar mosquiteros que impiden su entrada en el hogar. La efectividad aumenta si son tratados con insecticida.

-Aplicarse continuamente repelente, especialmente en las épocas más calurosas. Los mosquitos suelen desaparecer cuando el tiempo es frío.

-Eliminar o cubrir depósitos de agua al aire libre.

Ahora bien, es importante seguir un tratamiento médico una vez que la enfermedad está en el cuerpo. La malaria es muy peligrosa, y a menudo requiere que el afectado sea hospitalizado a fin de evitar cualquier complicación y que siga transmitiéndose. La malaria por P. falciparum suele tratarse con fármacos basados en artemisinina, pero se ha registrado cierta resistencia de los parásitos a la sustancia. Otros medicamentos usados son aquellos basados en cloroquina y sulfato de quinina.

El tratamiento médico debe complementarse con descanso. Es posible que la persona necesite recibir líquidos intravenosos y asistencia respiratoria.