La terapia asistida con animales cada vez cobra más adeptos. En los últimos años, muchas personas apuestan por tratar diversos padecimientos mediante la interacción con especies adecuadas a su entorno y enfermedad. Regularmente se utilizan perros, gatos, conejos, aves, delfines y caballos.

Numerosas personas afirman que la denominada zooterapia les ha ayudado a tener mejorías, pues contribuye a optimizar su nivel de salud y a proveer felicidad. La idea no resulta descabellada en vista de que los animales de compañía disminuyen sensaciones negativas en tanto se les incluya profundamente en la vida cotidiana del individuo.

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A decir verdad, los resultados positivos son visibles e importantes, sobre todo en personas de la tercera edad y en niños con algún trastorno del autismo. Pero no todos apoyan estas terapias. No obstante lo maravilloso que para los seres humanos esto representa, cabe la posibilidad de que para las especies utilizadas la experiencia no resulte, por decir lo menos, saludable.

Lori Marino y Scott Lilienfeld, investigadores de la Universidad de Emory, Estados Unidos, reportaron en 2007 que las personas que padecen algún tipo de discapacidad crónica o mental deberían evitar las terapias asistidas con delfines, pues no existe evidencia científica de la eficacia de los tratamientos y sí sospechas sobre el riesgo que corren los delfines cuando se les captura, mantiene y obliga a interactuar con los seres humanos en condiciones ajenas a su hábitat natural. Por cierto, ¿cuánto dinero obtienen los parques acuáticos con estas actividades? Cada vez son más cuantiosos aquellos que ofrecen nadar con los delfínidos para beneficiar a personas discapacitadas y mujeres embarazadas. La situación se está convirtiendo en un mejor negocio que aprovecha la maravillosa experiencia de observar y tocar a los delfines.

Los riesgos incluyen a todos los animales, por supuesto, y las preocupaciones giran en torno a su captura, adiestramiento, alimentación, mantenimiento, salud e implicaciones en sus estados de ánimo. De entrada, es importante cuestionar la captura de los animales para usarlos de acuerdo con nuestras necesidades, porque se les sujeta a una vida antinatural. Sin embargo, muchísimos animales han sido domesticados y la vida junto a ellos ya es hecho común.

Pero, ¿es correcto usarlos para mejorar nuestra salud? Es una pregunta difícil puesto que en situaciones desafortunadas para la vida de una persona, es muchas veces lo último que se piensa.

La idea no es mala desde su origen. Los animales son seres amorales, aunque muchos de ellos logran vínculos muy cercanos con los humanos. Famosa es la fidelidad del perro y conocida también es la relación del hombre con el gato. Por lo tanto, los enlaces con los animales, mientras sean en condiciones óptimas para ambas partes, pueden ser benéficos.

No hay que olvidar que es poco probable que se sepa en realidad bajo qué cuidados se mantiene a los animales en caso de acudir a lugares especializados en zooterapia, por lo que es importantísimo obtener información acerca de ello. También es necesario estar consciente de los efectos de la zooterapia y de la posibilidad de la carencia de cura, porque, básicamente, los animales proveen una mejoría en la salud psicológica más que en la cura de las patologías. Mención aparte merece el delicado caso de los niños, pues son propensos a involucrarse sin tomar en cuenta que sus “terapistas” no son mascotas que pueden llevarse a casa o tener para siempre.

La relación con los animales o su cuidado no debe ser únicamente en casos que ponen en peligro la salud humana. Ahora bien, recae en ustedes la decisión de tomar terapia con animales teniendo en cuenta los pros y los contras, pero, en particular, creemos que si no hay necesidad de hacerlo acudiendo a lugares especializados en ello, tomará la mejor decisión. Un perro rescatado o un gatito abandonado pueden proveer buena compañía y mucha felicidad en su papel de agentes de socialización, pues de esta manera no se contribuye al crecimiento de lugares enfocados al enriquecimiento particular a costa de las especies.