Algunos animales destacan el uso de la electrorrecepción, otros el de la magnetorrecepción, y unos más el de la ecolocalización. Es el sentido de los cetáceos odontocetos, de algunas especies de murciélagos, de dos familias de aves y de unos pocos mamíferos insectívoros nocturnos.

La ecolocalización, ecolocación o biosonar consiste en la habilidad de localizar objetos o animales mediante el sonido y la interpretación de éste. Para ello, los animales emiten pulsos ultrasónicos (de alta frecuencia) o sónicos (dentro de la banda de audición humana).

La ecolocalización consiste en la habilidad de localizar objetos o animales mediante el sonido y la interpretación de éste.

Ecolocalización en los cetáceos odontocetos

Dado que el sonido viaja mucho más rápido a través del agua que en el aire, la ecolocalización constituye uno de los sentidos más importantes para los miembros del suborden Odontoceti.

Los delfines emiten rápidas series de pulsos ultrasónicos al momento de localizar presas. No importa si su potencial alimento es demasiado ágil o si las aguas son muy oscuras o turbias, la ecolocalización permite identificar el tamaño, la forma, la composición, la velocidad y la dirección de la presa; consecuentemente, los delfines son capaces de aprender el tipo de eco que desprenden ciertos animales, con lo que pueden reconocer a sus presas preferidas.

Cuando los delfines y las marsopas impulsan aire entre unas estructuras de sus conductos nasales llamadas labios fónicos, dichos labios se abren y cierran haciendo vibrar los tejidos que se encuentran alrededor, por lo que se forman ondas de sonido. Las ondas rebotan en una placa ósea del cráneo y son agrupadas por el melón, un órgano ubicado detrás de la frente. Posteriormente, las ondas son dirigidas hacia adelante, rebotan en los objetos o las presas y regresan al delfín como eco para ser interpretadas.

Los cachalotes también son odontocetos, pero su proceso de ecolocalización es un poco diferente. En lugar de sacos aéreos y labios fónicos usan únicamente el conducto nasal derecho para producir sonidos y después las ondas pasan por el órgano del espermaceti que concentra los pulsos en un haz sónico para dirigirlos hacia adelante. En cualquier caso los cetáceos analizan los ecos de los sonidos para localizar e identificar presas.

Ecolocalización en los murciélagos

Muchas especies de murciélagos usan la ecolocalización para orientarse y determinar el tamaño, velocidad y dirección de sus presas. Ellos producen sonidos ultrasónicos desde la laringe, emitidos por la nariz o por la boca, aunque no se conoce con exactitud el mecanismo de producción. Sus sonidos para la ecolocalización se sitúan en la banda 20-100 kHz.

Varias especies de murciélagos usan la ecolocalización para orientarse y determinar el tamaño, velocidad y dirección de sus presas.

Primero emiten una vibración acústica de alta frecuencia y la señal rebota en los objetos o animales que se encuentran alrededor. Los músculos del oído medio se contraen cuando están emitiendo para evitar que se vuelvan sordos, pero se relajan para oír los ecos antes de que emitan otro sonido. El eco recibido procesa la información: en tanto más rápido e intenso es, más cerca se encuentra el objeto o el animal.

Las especies que emiten sonidos por la nariz han desarrollado estructuras complejas que pueden resultar curiosas al ojo humano. Por ejemplo, el murciélago pequeño de herradura (Rhinolophus hipposideros) exhibe una excrecencia nasal que tiene forma de herradura (¡claro!), debido a que los surcos de la nariz enfocan los haces de sonido.

En corto

Las únicas aves que usan la ecolocalización son las salanganas que se distribuyen en el sureste de Asia y Australia, y el guácharo.

Las musarañas son mamíferos que emiten ultrasonidos con la laringe para hacer uso de la ecolocalización.

En agua las ondas sonoras viajan 4.5 veces más rápido que en aire.

Algunos delfines de río están desprovistos del sentido de la vista y dependen de la ecolocalización.