Las imágenes muestran lo que parece ser una enorme mancha marrón, pero se trata de unas 35,000 morsas que quedaron varadas en tierra firme de Alaska. Esta noticia fue ampliamente difundida por los más importantes medios de comunicación, y el fenómeno ha sido generalmente atribuido a los efectos del calentamiento global.

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) fotografió el cúmulo de animales el 13 de septiembre de 2014, cuando realizaba su encuesta aérea anual. De acuerdo con NOAA, las morsas quedaron varadas cerca de Point Lay, Alaska, debido a la imposibilidad de encontrar hielo marino para establecerse.

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Las morsas son mamíferos marinos que se encuentran solo en la región ártica, en aguas de los océanos Pacífico y Atlántico. Rara vez se avistan en zonas profundas y por el contrario, dependen del hielo marino puesto que ahí buscan su alimento y cuidan a sus crías. Al respecto, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) menciona al calentamiento global y la reducción del hielo marino estacional como uno de los principales factores que amenazan a las morsas, ya que disminuye los sitios adecuados para dar a luz y cuidar a sus crías y limita el acceso a las zonas de alimentación que están en alta mar.

James Overland, un investigador del Ártico que trabaja con el Laboratorio Ambiental Marino del Pacífico (Pacific Marine Environmental Laboratory, PMEL) mencionó en una entrevista reciente que tanto la zona de hielo marino como su espesor han disminuido de manera drástica durante los últimos 10 años, lo que constituye un indicador del cambio climático global. Esto incide en los hábitats de los animales silvestres, entre otras consecuencias.

Ahora bien, la asociación de las morsas con el hielo marino pone de manifiesto un fenómeno cuyos alcances se expanden hacia otras especies animales puesto que no se trata de un caso aislado. Aunque la visión del problema de las demás especies puede ser menos dramática que la de estas morsas, el impacto en su vida es similar. Por mencionar un caso, la ballena franca glacial (Eubalaena glacialis), que habita el norte del océano Atlántico, ve cómo se producen modificaciones en la disponibilidad de uno de sus principales alimentos: el plancton de la especie Calanus finmarchicus. El incremento de la temperatura del agua perturba la vida del plancton además de que puede cambiar su rumbo por efecto de las corrientes marinas, afectando de este modo la posibilidad de que la ballena encuentre su comida.

Por otra parte, los científicos se han dado cuenta de que los alces de las Montañas Rocosas en Estados Unidos presentan padecimientos ocasionados por una excesiva cantidad de parásitos; se cree que los inviernos más suaves están permitiendo la supervivencia de los parásitos que de otro modo no resistirían el frío invernal.

Está claro que no únicamente las especies del hemisferio norte están resintiendo los efectos del aumento de temperaturas. El caso de las morsas representa solo uno de los más recientes y más evidentes, ya que la ausencia de hielo es relativamente fácil de advertir. De alguna u otra manera, todos los seres vivos son perjudicados por este problema que, a pesar de que puede parecer lejano, está más cerca de lo que se cree.

Fuentes:

http://www.nytimes.com/2014/10/02/science/earth/in-alaska-thousands-of-walruses-take-to-land.html

http://research.noaa.gov/News/NewsArchive/LatestNews/TabId/684/ArtMID/1768/ArticleID/10817/NOAA-flies-over-Arctic-to-measure-extent-of-sea-ice.aspx

http://research.noaa.gov/News/NewsArchive/LatestNews/TabId/684/ArtMID/1768/ArticleID/10817/NOAA-flies-over-Arctic-to-measure-extent-of-sea-ice.aspx

http://news.discovery.com/earth/global-warming/unexpected-victims-of-climate-change-131016.htm