Escuchar música, ver una película, admirar un edificio, disfrutar un platillo, visitar un parque natural, escuchar un programa de radio, mirar la televisión, leer una revista. Todas son actividades que cualquier ser humano ha hecho, y todas están relacionadas con el quehacer de las industrias culturales, llámense radio, cine, televisión, música, gastronomía y cualquier otra expresión artística y creativa.

Las industrias culturales tienen un gran poder y alcance en las sociedades globales y son el medio idóneo para transmitir cualquier tipo de mensaje. Es en este contexto en el cual la Ecología podría tener una cabida aún más pronunciada que en tiempos pasados. ¿Por qué?

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Para empezar, temas sobre el medio ambiente y los seres vivos interesan (o deberían) a toda persona que se precie preocupada por el futuro. La Ecología es a menudo ciencia estudiada en algunas escuelas y en ciertos lugares especializados para su investigación, estudio y desarrollo, pero el interés que genera puede aumentar si se educa desde el arte. En este sentido, en los últimos tiempos ha florecido una tendencia a la elaboración casera de artículos a partir de desechos y de objetos fabricados por grandes empresas, cuya inspiración proviene de la naturaleza: muebles que semejan árboles,  bellas lámparas que ahorran energía, prendas de vestir confeccionadas con tela ecológica y otros productos sostenibles.

La pregunta que surge: ¿es correcto aprovechar un tema mentalizado como positivo para vender? Desde luego, la respuesta cae en ese debate que es lugar común, en la idea de aprovechar para ganar. Pero olvidémonos de pensamientos maniqueístas, es decir, en la creencia de que algo es totalmente bueno o totalmente malo. En vez de ello, ¿no sería mejor aprovechar el vehículo de la mercadotecnia para hacer más accesible el conocimiento sobre ideas, recursos y estrategias ecológicas?

Recordemos que no basta con transmitir información. La Ecología debe tener tres ámbitos: teoría, práctica y aplicación, en la que la oración “No debes tirar bolsas de plástico al suelo” (teoría) se practica dividiendo la basura en botes de desechos orgánicos e inorgánicos, y se aplica, por ejemplo, confeccionando un bonito bolso de plástico de colores para el uso práctico.

Así, las industrias culturales pueden ser agentes de educación y promotores ecológicos. Incluir temas ecológicos en una película, en una novela o en un programa de radio es una efectiva estrategia para interesar. ¿Qué me dices de los llamados “techos verdes” que los arquitectos han incluido con frecuencia en sus diseños? Son proyectos bonitos, creativos y su difusión ha llamado la atención de muchas personas.

En términos básicos, se trata de hacer más accesible el conocimiento: de exaltar el amor a los animales, de destacar la importancia del cuidado ambiental, de interesar a todas las personas en la naturaleza y de llevar a cabo actividades visibles en pro de un futuro saludable mediante la creatividad y el talento de una o muchas personas. Es importante no perder de vista este camino, si lo que no se desea es comercializar rigurosamente la Ecología.

Transmitir ideas y sentimientos ha sido objetivo común del arte desde tiempos antiguos. Que estas ideas se proyecten en una dimensión de sostenibilidad, es un punto positivo de la era moderna.